Acerca de mi



Cuando me atreví a mirarla, traía las uñas rotas y se chupaba los dedos para lamerse la carne sin piel que, ensangrentada, asomaba debajo. “He estado demasiado tiempo aferrándome a ella”, me dijo, “y a veces insulto mi estupidez y castigo a martillazos mis dedos rotos para que el dolor me enseñe lo idiota que soy. Para que me recuerde que debo ser fuerte y no volver a intentar sujetarla”. A veces, la había retenido el tiempo suficiente. Las demás ocasiones, la vio irse y abandonarla cuando creía que estaba durmiendo y no se daría cuenta, y, entonces, las uñas volvían a sangrarle.

Cuando me atreví a hablarle, no pude decir nada con el sentido suficiente para que no se riera de mi y de mis intentos por hacerla feliz. Se rió a carcajadas, con la facilidad con que sólo saben reírse las personas tristes que sonríen por tonterías. Se arrancaba las uñas a bocados y sus risas no hacían más que aumentar mi angustia y sensación de mareo. Tragué mi propio vómito para no ensuciar más el ambiente cuando, loca de risa y de sangre de uñas en los labios, empezó a hablarme.

“Os enamoráis de mi por las mismas virtudes que luego me echáis en cara convirtiéndolas en defectos. Decidle a quien está en paro que vive estresada y angustiada porque se lleva demasiado trabajo pendiente a casa. Explicad a quien no destaca por un físico espectacular que la belleza está en el interior, porque en mi interior sólo hay tripas, comida a medio digerir, vísceras, heces y demasiadas dudas y nervios. Decidme que me quiera y que puedo brillar con luz propia cuando vivo en una mente tan oscura. Reprochadme que soy una inmadura, y luego comportaros como estúpidos y mostradme el sinsentido de mundo que estamos construyendo”.

“Os regalé fotografías donde os mostraba mi mejor y más auténtica sonrisa y señalásteis la mancha de mi vestido. Quizá hablo tanto que no he conseguido decir nada. ¿Cómo os explico que llevo demasiado tiempo viviendo de sueños cuando me sabéis insomne? ¿Cómo puede decir que está ardiendo por dentro aquella que siempre tiene las manos frías? Miss relaciones públicas, Miss querida de todos, Miss mil amigos... cómete el menú de tus miedos tú sola cuando nadie esté disponible para cenar contigo. Ponle horarios a tus penas para molestar lo menos posible a quien acepte escucharlas un rato. Acepta la moraleja que te den al final. Sonríe y da las gracias. Guárdate algunos detalles. Di que ya te sientes mejor. No rechistes. No dejes salir ni una lágrima cuando quien amas te diga que no sabes amar y tú te mires las uñas rotas por haber vivido aferrándote al amor. Por haber basado tu existencia en algo que ahora piensas que sólo existe para ti de la forma en que tú lo concebiste. Por lo que pierdes la vida cada noche y por lo que hoy ya nadie muere. Decidme que me gusta sufrir y que soy débil… estoy empezando a creer que es verdad”.

Cuando me atreví a mirarla, me había atrevido a acusarla. Ahora había enloquecido en su festín de uñas rotas. Le rogué que no me matara. Que no nos matara. Que, aunque doliera, siguiera aferrándose con sus uñas rotas a la ilusión por la vida. A la esperanza. Al amor. Que creyera en la felicidad.

Ella me miró triste por unos segundos. Se miró los dedos. Volvió a mirarme con una ternura que odio, pues aborrezco la autocompasión de la que padezco. La extraña inquilina que habita en mi y me posee me sonrió. Se encogió de hombros y se llevó los dedos a la boca, esta vez, de nuevo para lamerlos, aunque me torturaba enseñándome los dientes, amenazando con volver a morder. Se dio la vuelta y vi cómo el miedo a enfrentarme a mi misma la acompañaba a la puerta para que se fuera.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta cómo escribes... es triste, pero bonito. Creo que tienes mucha más gente de la que crees que te quiere, y aprecia y cree en ti.

Nacho.

JidoLuna dijo...

Gracias por los ánimos. Seguro que sí.